12/01/2015

[CAPÍTULO 5] MI OPORTUNIDAD ES CONTIGO - SERIE DONE GRIFFIN #2



CAPÍTULO 5



Eran las siete y media de la noche, y Lucas se alistaba para ir a casa. Su día de trabajo había resultado de lo más particular.
Primero, Jake Carry llegó a la cafetería para escribir parte de un nuevo guión, luego fue a almorzar con él a un restaurante cubano. Para Lucas aquella experiencia seria inolvidable.
Segundo, descubrió que no todo en el matrimonio de Danny era perfecto y encantador. Él tenía graves problemas con su esposa y su embarazo. Eso no significaba que tuviera una oportunidad. Lucas era muy consciente de que su jefe era heterosexual, y así fuera un hombre soltero, simplemente eso no sucedería.
Tomando su mochila, Lucas se dispuso a caminar hasta la estación del metro. La persona encargada del turno nocturno ya se encontraba en su puesto de trabajo, así que no tenía nada de qué preocuparse.
Caminando por la acera, se detuvo para observar a quien era Danny, parado junto a su auto a solo un par de metros. Él bebió de una licorera plateada, mientras miraba hacia ningún lugar en específico, Danny parecía absorto en sus propios pensamientos.
Alcohol y pensamientos deprimentes no eran una buena combinación.
—Mierda... —resopló Lucas encaminándose hasta su jefe, quien hizo una mueca luego de beber otro trago del discreto contenedor.
—Danny, ¿qué diablos haces? —inquirió Lucas en cuanto llegó junto a él. Danny se sobresaltó, y lanzando su licorera dentro del auto rascó su cabello oscuro.
Su jefe era un hombre muy discreto, ningún empleado jamás podría levantar un dedo en su dirección y decir algo negativo de él.
—Nada, ya me iba a casa —respondió él únicamente, alistándose para subir a su auto, pero Lucas se tomó la facultad de quitarle las llaves del auto, y con una mirada severa, dijo.
—No puedes beber y conducir, Danny.
—Lucas, estoy bien... ¿De acuerdo? Solo... —Danny terminó de tomar asiento frente al volante, y, levantando su cabeza hacia el techo, soltó una maldición—. No quiero llegar a casa con este humor.
—Beber no lo mejorará, ¿lo sabes, no?
Danny lo observó por un par de largos segundos, y asintiendo pesadamente, le dio la razón. Beber no cambiaría su humor para bien, lo aceptaba, pero tampoco deseaba llegar a casa con todos aquellos sentimientos con los que cargaba en ese preciso instante. Necesitaba despejar su mente, al menos por un par de horas.
Lucas observó a su jefe, quien lo consideraba un amigo, y no se le ocurrió una mejor idea que proponerle un poco de sana distracción. Jeremy se la pasaba diciendo que su mejor talento era animar a los demás, Lucas no estaba cien por ciento seguro de que aquello fuera real, pero al menos podía intentarlo. No deseaba ver a la persona de la que se había enamorado absurdamente consumirse en una tristeza que no merecía.
—Bien... —murmuró Lucas con sus labios presionados—. Conozco un lugar donde podrías distraerte un poco, y así no beber solo. Es una mala idea dejarte conducir con una licorera en tu asiento trasero.
Lucas señaló el plateado recipiente que reposaba sobre la parte trasera del Audi azul.
Con una pequeña sonrisa de medio lado, Danny asintió. El corazón de Lucas volvió a golpear con fuerza contra su pecho. Rayos. De pronto salir con Danny no resultaba una buena idea para él.

[...]

Jake rascó su cabeza y miró una vez más la pantalla de su laptop.
No, definitivamente era basura.
La inspiración inicial que sintió hace un par de horas atrás se transformó en mierda apenas regresó a su casa y se encerró en el estudio.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Jake experimentó un bloqueo de escritor como aquel. Por lo general el Golf lo ayudaba a despejar su mente, pero en esta ocasión sentía que incluso eso no sería suficiente. De pronto observó a su alrededor. Todo era tan silencioso, tan vacío. Vivía en una casa enorme, con seis recamaras y siete baños.
Jake soltó una pequeña carcajada antes de permitirle a su frente golpear sobre su escritorio.
¿En qué rayos estaba pensando cuando compró ese lugar?
Sí, bueno, quizás la enorme piscina en su patio trasero consiguió seducirlo tanto como el mini jacuzzi a un costado de esta. Pero nada de eso era divertido cuando se encontraba solo.
Jake podía contar con los dedos de una mano, a todos los hombres que había llevado a su casa desde que la adquirió hace dos años.
La última relación en la que estuvo duró apenas tres meses. Alex era su publicista, era solo un año menor y poseía unos bonitos ojos verdes, pero Jake necesitaba ser sincero consigo mismo. Odiaba escuchar a su ex hablar sobre los lugares que había visitado desde que tuvo memoria. Sus pláticas eran tremendamente aburridas y monótonas.
Jake consideró la idea de pedirle un tiempo, algo de distancia para no escucharlo más, pero Chad le aconsejó que dejara los rodeos y terminara con aquella relación. Él tenía razón. Por lo general su mejor amigo siempre la tenía. Nadie lo conocía mejor que Chad, o bien, sí existía otra persona.
Se le ocurrió que quizás podía llamar a Drake, quien era uno de sus mejores amigo. En su época universitaria, Drake fue algo más que un compañero de habitación.
Ambos tuvieron una larga relación, la más larga que Jake jamás hubiese tenido, y aquel logro se lo atribuía a que antes de salir como pareja, ambos eran muy buenos amigos, y lo continuaban siendo.
Quizás las cosas a nivel de pareja no resultaron tan bien como lo era a nivel de amistad.
Drake era psicólogo y vivía actualmente en Londres.
Tomó su teléfono y marcó al número que se sabía de memoria. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo llamó, así que al menos Drake se pasaría quince minutos recriminándole cuán mal amigo era. Y tenía razón, lo era.
—Drake Peterson.
Dijo la serena voz al otro lado de la línea. Jake sonrió.
—Jake Carry.
—Oh, Jake —mencionó Drake cándidamente—. Creí que estabas muerto.
—Nop —soltó el guionista antes de reír—. No exageres, apenas hablamos hace tres meses.
—Oh, lo siento, quizás un día sin escuchar tu voz se siente como un año —se burló el psicólogo como siempre.
Jake no podía creer como alguien tan extrovertido y bromista, podía transformarse en un profesional dedicado a escuchar, pacientemente y en silencio, los problemas de otras personas.
Definitivamente ese era Drake.
—¿Cómo va todo? —preguntó. Su amigo tarareó un poco antes de responder.
—Bien, todo marcha bien. ¿Y tú? ¿Qué sucedió con ese chico del que me hablaste?
Jake recordó haberle mencionado sobre Lucas hace un par de meses atrás. Y por supuesto, él aún lo recordaba.
—¿Cómo es que aún te acuerdas de eso?
—Pues, no todos los días me marcas para hablarme de cuán impresionado te sentiste de conocer a alguien. El chico realmente llamó tu atención y pues, no puedo dejar pasar la oportunidad y descubrir que al final de todo, Jake Carry tiene un corazón y no un trozo de carbón como siempre pensé.
El guionista rodó sus ojos en cuanto escuchaba la risa de Drake al otro lado de la línea.
—Muy gracioso, lo utilizaré en el guion de la siguiente comedia que escriba.
—Espero ver mi nombre en los créditos, Rata.
Agachando su cabeza, Jake deseó estrechar a Drake en un caluroso abrazo. El maldito continuaba siendo el mismo de siempre.
—Respondiendo a tu pregunta —empezó Jake—. Acabo de volver a ver a ese chico esta tarde. Platicamos un poco en su trabajo y luego fuimos a almorzar.
—Muy bien, Jake —comentó el psicólogo con tono expectante—. ¿Hay algo entre ustedes?
—No.
—¿En serio? —soltó Drake con frívola incredulidad. Conocía muy bien a Jake como para tragarse ese cuento.
—Hablo en serio, Drake. Entre él y yo no ha sucedido nada.
—¿Nada? —Jake claramente podía imaginar a su amigo enarcando su castaña ceja—. Creí que te gustaba mucho, incluso, mencionaste que no tenias ningún problema en romper tu racha de citas con los hombres más tediosos y tiesos del mundo. Claro, yo no estoy incluido en esa lista.
Jake negó ante la insistencia de su amigo en catalogarse como el único hombre con el que había salido, que poseía más sentido del humor en su meñique, que los otros en todo su cuerpo.
—He estado muy ocupado con el trabajo. Por cierto, el próximo fin de semana es la premier de mi última película. ¿No has pensado volver a New York? Podrías acompañarme.
—Oh, Jake, lo siento, pero por ahora se me hace imposible dejar la ciudad —se excusó apenado.
—Lo sabía, luego yo soy el mal amigo —le recriminó con una sonrisa en el rostro. Jake conocía muy bien lo ocupado que se encontraba Drake dirigiendo aquella institución psiquiátrica. Él era el director.
—Sabes que estoy muy orgulloso de ti.
—Gracias.
—Y espero que la próxima vez que ganes un Oscar, mi nombre figure primero en la lista de personas a las que se lo dedicas.
Jake resopló, dibujando una sonrisa antes de prometerle que así seria. Aquello siempre dejaba a su amigo muy tranquilo y feliz. 



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Muchas gracias por sus comentarios <3
¡Hasta pronto!

4 comentarios:

  1. Hola Jo :D
    Siempre me quedo con ganas de mas, muchas gracias por el capi y que disfrutes del resto de la semana, besosss

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  2. Hola Jo como siempre un enorme gusto leerte y quedándome con ganas de más, la verdad los capos se me van como agua entre las manos, gracias enormes por seguir compartiendo tus historias con nosotros, besos

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  3. Igual que Ysa y Lu yo también me quedo con ganas de más. Estoy tentada en dejar que publiques 4 - 5 capis nuevos y luego leerte pero se que no tendré paciencia... Sólo me queda animarte e intentar meterte prisa. (Por si, ¿funciona un poquito???)

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  4. estoy deseando saber como sigue!!! gracias por el capi besos

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